De pronto, con las palabras “pero todo permanecía inalterado, lo que”, se interrumpe el relato, una narración incompleta de Kafka, publicada póstumamente bajo el título ‘Der Bau’ (‘La madriguera’). Kafka, por algún motivo, deja de escribir. Lo que permanece es un texto truncado, en su estado más primitivo, sin elaborar, sin corregir, con frases oscuras y repeticiones. Una prosa que no ha caído en la tentación de hacer prosa. Una escritura que no mira hacia fuera, sino hacia dentro, que se ha olvidado de las miradas externas, se deja llevar por el flujo de la imaginación y del lenguaje, se guía por sus propias referencias.
Esto es algo que la traducción quiere respetar. La preocupación del traductor es no alterar esa desnudez, no revestirla de mala literatura. Ofrecerle al lector un reflejo fiel, no una imagen distorsionada de la escritura de Kafka.
La narración se basa en un esquema muy sencillo: por una parte, la madriguera, el lugar de salvación; por otra, los enemigos que la ponen en peligro. A partir de ahí, se encajan sucesivos elementos narrativos.
Al principio se hace una diferenciación entre los enemigos externos y los enemigos internos, y se vincula a los enemigos internos a las leyendas, de una manera un tanto ambigua, pues estos seres legendarios tienen víctimas reales, y el protagonista habla de ellos como si conociera muy bien su existencia. Son estos enemigos internos los verdaderos enemigos, tal como se irá haciendo evidente en el desarrollo de la narración.
No es un peligro imaginario, es un peligro real. Una oscura presencia que se acerca inexorablemente a la madriguera. Una presencia invisible, aún invisible. Una oscuridad interior que amenaza con destruirlo todo.
(extracto del ‘Posfacio’ a ‘La madriguera’)
