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Por el lado de Swann (7)

Efectivamente, en la historia de Swann y Odette la voz narrativa en primera persona resulta improcedente, y sobre todo innecesaria, chocante por lo evidentemente innecesaria que demuestra ser continuamente, como un estorbo que no tendría que estar ahí. Pero al mismo tiempo se pueden presentar argumentos favorables a su utilización. Se trata de una novela integrada en una gran narración, y aunque muy bien podría haber sido concebida de un modo independiente, desde una perspectiva distinta, no deja de contener elementos íntimamente relacionados con los que son tratados en el resto de la obra, de modo que se puede entender la necesidad de Proust de no renunciar a la voz personal, aun cuando en muchos episodios resulte incongruente.

Por el lado de Swann (6)

La claridad, la apacibilidad, la lógica y el rigor gramatical que Pessoa encontraba en la lectura de los clásicos, no las habría encontrado leyendo a Proust. La escritura de Proust es eminentemente inquieta, a veces imprecisa. Es la escritura de alguien que siente, más que la de alguien que piensa; la expresión del contacto con la dimensión del sentimiento, más que el resultado de un riguroso desarrollo lógico. Progresa de un modo retorcido y tortuoso, dominado por el entrecortamiento, la dislocación, la fractura; avanza de acuerdo con un ritmo emotivo, más que cerebral. Pero al mismo tiempo, revela su cohesión y su coherencia. Los elementos resultan estar muy bien trabados, interrelacionados en los distintos planos de la novela: narrativo, simbólico, argumental. Un estudio exhaustivo de la obra de Proust podría ocupar varias largas vidas de un paciente estudioso. Esa cohesión es vital para una obra que discurre de un modo que la pone continuamente en peligro de convertirse en pura divagación. Si la cohesión es uno de sus rasgos más positivos, la abundancia, la extensión excesiva, es el más negativo. Sin embargo, la abundancia parece serle necesaria a la coherencia, y cuando esta se revela dentro de ella deja de estar asociada al exceso y pasa a estarlo a la idea de la amplitud.

Por el lado de Swann (5)

La improcedencia del método narrativo empleado en ‘Un amor de Swann’ queda en evidencia cuando el narrador aborda la experiencia de la Sonata de Vinteuil. Lo hace a través de Swann, pero es una experiencia tan personal que en ningún momento se hace creíble trasplantada a otro personaje. La incompatibilidad entre las teóricas limitaciones de perspectiva del narrador y la intensidad y la riqueza de las sensaciones descritas produce un efecto chocante. Enseguida queda claro que no es Swann, sino el propio narrador el sujeto de esa experiencia.

Por otra parte, es una buena oportunidad para apreciar el consabido carácter admirable de la sensibilidad y la penetración proustianas, la impresionante riqueza expresiva del escritor. La escritura entonces estimula más, se desprende de su lado mundano y se hace más seria.

Por el lado de Swann (4)

Hay en la obra perspectivas que se confunden, voces narrativas que se mezclan. El narrador habla de sí mismo cuando era un niño o un adolescente, pero no es raro que se presente en situaciones incongruentes con su presunta edad. Entonces se superponen varios planos, los que corresponden a la perspectiva del narrador-niño o adolescente, inmerso en una situación perteneciente al pasado, y los que corresponden a la perspectiva del narrador-autor, que habla en un momento contemporáneo de la escritura. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando habla del placer y de la emoción que le depara la lectura, o cuando alude a un “... grabado que reproducía una obra de Benozzo Gozzoli que me había dado el señor Swann. Hace muchos años de eso...”; a partir de ahí, ya no son las vivencias del narrador-protagonista lo que tenemos delante, sino, una vez más, la nostálgica evocación del autor adulto.

Por el lado de Swann (3)

Hay un aspecto de la escritura de Proust que resulta muy poco atractivo, y que está muy presente en Por el lado de Swann. El mundo de lo nostálgico y lo evocador. La primera parte de la novela, ‘Combray’, es un monumento a la nostalgia, cuyo carácter se sintetiza en esta frase: “La posibilidad de aquellas horas jamás renacerá para mí”. La emotividad preside la relación con la obra. La escritura se recarga, aparece demasiado ornamentada, dominada por la afectación. El torrente sentimental desbarata en cierto modo la delicadeza, que habría estado mejor protegida por la sencillez. Nos encontramos peligrosamente cerca del siglo XIX.

Por el lado de Swann (2)

 Algunas veces el traductor suple los lapsus del autor, y añade a su labor de traductor la de corrector. Así, cuando en el texto de Proust un criado de la mansión de la marquesa de Saint-Euverte “montrait l’agitation d’une bête captive dans les premières heures de sa domesticité”, la traducción en principio es muy sencilla: mostraba la agitación de una bestia cautiva en las primeras horas de su domesticidad. Sin embargo, Moncrieff lee: “all the dumb agitation of a wild animal in the first hours of its captivity”, las primeras horas de su domesticidad han sido cambiadas por las primeras horas de su cautividad, tal como se supone que quería decir Proust. Es al principio de su cautividad, no de su domesticidad, cuando las bestias muestran agitación.

Por el lado de Swann (1)

Es evidente que para traducir una obra literaria no basta con conocer dos idiomas. Esto puede ser suficiente a la hora de traducir un comunicado oficial, o el manual de una microcadena, si se domina el vocabulario técnico de turno, pero para traducir una obra literaria hace falta algo más, es necesario saber escribir. Esto quiere decir: estar en condiciones de trasladar el texto original con solvencia.

La mayoría de las traducciones suenan a eso, a traducción. Lo deseable es que posean cierta solidez, una consistencia que les dé legitimidad literaria en el idioma de recepción.