Algunas veces el traductor suple los lapsus del autor, y añade a su labor de traductor la de corrector. Así, cuando en el texto de Proust un criado de la mansión de la marquesa de Saint-Euverte “montrait l’agitation d’une bête captive dans les premières heures de sa domesticité”, la traducción en principio es muy sencilla: mostraba la agitación de una bestia cautiva en las primeras horas de su domesticidad. Sin embargo, Moncrieff lee: “all the dumb agitation of a wild animal in the first hours of its captivity”, las primeras horas de su domesticidad han sido cambiadas por las primeras horas de su cautividad, tal como se supone que quería decir Proust. Es al principio de su cautividad, no de su domesticidad, cuando las bestias muestran agitación.
Moncrieff, como es habitual en las traducciones
anglosajonas, no se limita a traducir, extiende su cometido hasta la glosa. Así,
mientras que Proust dice: “les anciens amants qui se sont le plus aimés”
(más o menos: “los antiguos amantes que se han amado al máximo”), Moncrieff se
siente obligado a especificar: “old lovers who had lived for one another
with the utmost intensity of passion”. Del mismo modo, cuando Proust se
limita a decir: “chez une sadique”, Moncrieff añade por su cuenta: “in
what is nowadays called a ‘sadist’”.
Lo característico de la traducción de Pedro Salinas es la
exaltación poético-sentimental, la potenciación de la afectación y de la
literatura, en el sentido menos atractivo de la palabra literatura, lo que
eleva la dosis de estos ingredientes, ya de por sí fuerte en el Swann de
Proust, al nivel de lo empalagoso. Es una forma más de desnaturalización,
consistente en un mimo contraproducente. Pionero en la traducción de Proust, su versión es referencia obligada, pero también contiene algunos despistes dignos
de mención, como cuando convierte un vernissage en un “barnizado de los
cuadros de la Exposición”, o transforma el envaramiento de la pequeña burguesa
(“l’empesé de la petite bourgeoise”) en
“la almidonada pechera de la burguesa pretenciosa”. En general, Salinas amanera
a Proust hasta derretirlo, y hablando de barnizados, lo que en su afán poético consigue
es precisamente eso, barnizar su escritura.
La traducción de Carlos Manzano contiene expresiones como: “Oh,
mis pobres majuelitos...”; “nos hizo con el rabillo de su azul ojo una señita”;
una señora asidua de los Campos Elíseos se dirige a Gilberte con estas
palabras: “diría como usted que es chachi, que es guay” (“je dirais comme
vous que c’est chic, que c’est crâne”); “la narine rétive” se traslada como “las
ventanas de la nariz aleteando”; un estudio escultórico de bulto redondo (“étude
de ronde bosse”) se convierte en un “hermoso estudio de joroba redonda”, el
pórtico de la catedral veneciana de San Marcos (“le portail de Saint-Marc”)
en “el retrato de San Marcos”, y “Philibert le Beau” (Filiberto el
Hermoso) en “Felipe el Hermoso”.
Estos ejemplos escogidos solo quieren hacer ver el modo en
que las malas elecciones del traductor, la ligereza de su ritmo de trabajo y su
defectuoso sentido de la expresión literaria pueden crear desperfectos en el
plano expresivo de la obra. Pero el daño más importante afecta a la dimensión
estructural. Por algún motivo, el traductor ha decidido trastocar la sintaxis y
alterar la disposición original del texto, y hacerlo no de un modo ocasional,
estratégico, sino de forma sistemática. Su principal instrumento a la hora de
llevar a cabo esta tarea son los guiones. Vamos a los ejemplos.
En el largo párrafo, al principio de la novela, en que el
narrador habla sobre distintas habitaciones en que se ha alojado, hay cuatro
guiones, que no corresponden a los usos del español y que son perfectamente
prescindibles, ya que se pueden sustituir por punto y coma. Ese mismo párrafo en la
traducción de Manzano contiene dieciséis guiones.
La frase “Il semblait que la considération que, sur la
foi de ma grand’mère, nous accordions à Mme de Villeparisis, lui créât un
devoir de ne rien faire qui l’en rendît moins digne et auquel elle avait manqué
en apprenant l’existence de Swann, en permettant à des parents à elle de le
fréquenter”, queda convertida en: “La consideración –inspirada por mi
abuela– que teníamos para con la Sra. de Villeparisis le había infundido
–parecía– el deber –incumplido al enterarse de la existencia de Swann y al
permitir a unos parientes suyos frecuentarlo– de nada hacer que la volviese
menos digna de ella”. Tres tandas consecutivas de guiones, cuando en el
original no hay ninguno. Frase, más que desfigurada, acuchillada.
La intención parece ser mejorar la inteligibilidad de la
escritura de Proust, típicamente retorcida y entrecortada (“mais quand, le
dimanche, je les voyais, par une chaude matinée d’été, flamboyer comme un
soleil noir, je me disais...”), pero el resultado es contraproducente, justo
el contrario del perseguido, pues lo que se consigue es desorganizar el texto y
destrozar el ritmo de la escritura.
Más que en el concepto de la traición, en este caso la
traducción hace pensar en el de la destrucción.