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Engranajes

En el libro Origins of Modern Japanese Literature, de Kōjin Karatani, encontramos un buen resumen del famoso debate entre Akutagawa y Tanizaki acerca del papel de la trama o argumento (plot, en la traducción del libro de Karatani, por Brett de Bary) en la novela. Akutagawa en contra de la trama, y Tanizaki a favor de ella. Para el primero, el argumento es “irrelevante” en relación con el “valor artístico”, mientras que Tanizaki identifica el argumento con la estructura, y, claro, “no se puede decir que esto”, la belleza de la arquitectura de la obra, “no tenga valor artístico”.

Error infantil

Akutagawa era un hombre que sufría mucho. Los consabidos trastornos psicológicos. La consiguiente relación con el aspecto criminal de la naturaleza, que había hecho la gracia de contar con él entre sus elegidos. Sin embargo, en una de las cartas que escribió antes de suicidarse solo decía estar experimentando una ‘vaga inquietud’ acerca de su futuro.

En sus últimas narraciones expresa sin rodeos su terrorífica experiencia. El miedo a la locura. La percepción de las cosas bajo una extrema vulnerabilidad a los estímulos externos. Sin excluir cierto instinto supersticioso. Presagios, premoniciones... Mecanismos relacionados con el miedo. El carácter ominoso, siniestro, de la relación con la vida. La indefensión frente a los acometimientos de la melancolía. El acoso de las diosas de la Venganza...

Aurélia

Aurélia es respecto a Sylvie como la oscuridad respecto a la luz, pero no es una oscuridad tenebrosa, sino una búsqueda de la luz en ámbitos engañosamente luminosos.

Nerval está enfermo, y Aurélia es una escritura sobre la experiencia de su enfermedad. El punto de referencia de Nerval en su interpretación de la enfermedad lo constituye la frase que utiliza en un momento dado: “épanchement du songe dans la vie réelle”, “derrame del sueño en la vida real”, una idea que pertenece al contexto científico de la época, en el que médicos como Moreau de Tours la tenían presente en sus investigaciones.

Sylvie

Sylvie da comienzo con el carácter deslumbrante del enamoramiento. Ella es actriz y él va al teatro a contemplarla y admirarla. Ella es la luz, y la luz puede ser una escapatoria peligrosa. La vida es contemplada desde una perspectiva soñadora y literaria, a la vez que de un modo evocadoramente crítico. La escritura está vinculada al recuerdo. Sylvie es una búsqueda del tiempo perdido sintetizada y poética, una obra proustiana antes de Proust.

El recuerdo se proyecta a través de distintos planos temporales: en el presente de la acción, con el que se inicia el relato y con el que se enlaza a lo largo de la narración; en la superposición de varios momentos del pasado durante el viaje; y en el presente de la escritura, que se expresa en la voz narrativa del último capítulo, pero que en otras partes del relato puede fundirse con el presente de la acción.

Gérard de Nerval, Sylvie / Aurélia

En febrero de 1853, a consecuencia de una crisis relacionada con un trastorno mental, Gérard de Nerval estuvo hospitalizado en la llamada maison Dubois, o casa de salud municipal de París, donde ya había sido internado el año anterior. Al salir de la clínica, Nerval trabajó en una narración llamada Sylvie, que fue publicada en agosto de ese mismo año en una revista, antes de formar parte del volumen titulado Las hijas del fuego, que apareció al año siguiente. “Poco a poco me puse a escribir y compuse una de mis mejores narraciones”, explica Nerval en Aurélia, refiriéndose a Sylvie. “Sin embargo, la escribí a duras penas, casi siempre a lápiz, en hojas sueltas, siguiendo los azares de mis ensoñaciones o de mis paseos. Las correcciones me agitaron mucho. Pocos días después de haberla publicado, me vi acometido por un persistente insomnio…”. 

La enfermedad de vivir

“Imposible el amor cuando el porvenir ha caído al suelo

y la enfermedad de vivir arrecia como una lluvia helada y triste”.

(J. A. R. S., ‘Cansancio’).

 

José Antonio Ramos Sucre era de los que encuentran en la literatura el lugar más apropiado para proyectar su desesperación. Su escritura no es poesía ni narración, o es ambas cosas a la vez. Sus libros repiten el mismo esquema expresivo, son una serie de fragmentos narrativos en los que el relato aparece en su aspecto más depurado, como un texto muy corto en el que se mezclan la narración y la poesía, la literatura y la historia, la autobiografía y la ficción.

Ramos Sucre, empapado de lecturas, conocedor de muchos idiomas, habla con voces distintas en su escritura, voces que se entrecruzan y en algunos momentos se estorban, voces románticas, épicas, cabalísticas, mitológicas, teosóficas, religiosas, afectadamente modernistas, de una tortuosidad gótica que hace pensar en Poe, de un malditismo que recuerda a Lautréamont, de un remilgado arcaísmo o de una crudeza que pone los pelos de punta.

Esta escritura singular solo puede corresponder a una persona singular. En una anotación de su diario, Kafka alude al “tremendo mundo que tengo en la cabeza”. Ramos Sucre muy bien podría haber dicho lo mismo. Tiene una imaginación prodigiosa y enfermiza. De la misma época de Kafka, también compartía con él el tormento del insomnio. Los testimonios de las personas que lo conocieron coinciden en que era un joven estudioso y solitario. Hablan de sus vagabundeos nocturnos por las calles de Caracas, a causa de su imposibilidad de conciliar el sueño; de su afición compulsiva a los libros; de su soltería y su soledad. Sin embargo, no era un ser arisco y retraído. Profesor de griego y latín, doctor en Ciencias Políticas, se relacionaba con los escritores más destacados de su país, asistía a tertulias, y en cierto momento fue designado para un cargo diplomático en Europa. Esto fue en 1929, cuando fue nombrado cónsul en Ginebra. Antes de tomar posesión de su cargo se sometió a un tratamiento en Alemania. Tenía la esperanza de que su insomnio estuviera causado por una enfermedad parasitaria, llamada amebiasis, que podía ser curada. Así que en enero de 1930 llegó a un sanatorio de Hamburgo especializado en enfermedades tropicales. Sin embargo, no se trataba de la amebiasis. La agitación nocturna era la prolongación de la agitación diurna, y esta no estaba causada por ninguna enfermedad tropical. Este tipo de problemas suelen obedecer a causas estructurales. Dispositivos bioquímicos ideados por la naturaleza, especializados en la destrucción del sistema nervioso, de acuerdo con una expresión del propio Ramos Sucre en carta a su hermano: “un sistema nervioso destruido”.

Salió del sanatorio “curado” de la presunta amebiasis, pero los trastornos nerviosos persistían. Antes de tomar posesión de su cargo ingresó en otro sanatorio en Merano. En marzo llegó por fin a Ginebra y empezó a ejercer como cónsul. Ese mismo mes, el día 18, intentó suicidarse con veronal. El día 8 de abril le escribía a una prima suya: “Solo puedo asegurarte que no volverás a verme enfermo.” Es decir: si vuelves a verme ya no estaré enfermo, y si sigo enfermo no volverás a verme. La tentativa definitiva llegó en el mes de junio.