En febrero de 1853, a consecuencia de una crisis relacionada con un trastorno mental, Gérard de Nerval estuvo hospitalizado en la llamada maison Dubois, o casa de salud municipal de París, donde ya había sido internado el año anterior. Al salir de la clínica, Nerval trabajó en una narración llamada Sylvie, que fue publicada en agosto de ese mismo año en una revista, antes de formar parte del volumen titulado Las hijas del fuego, que apareció al año siguiente. “Poco a poco me puse a escribir y compuse una de mis mejores narraciones”, explica Nerval en Aurélia, refiriéndose a Sylvie. “Sin embargo, la escribí a duras penas, casi siempre a lápiz, en hojas sueltas, siguiendo los azares de mis ensoñaciones o de mis paseos. Las correcciones me agitaron mucho. Pocos días después de haberla publicado, me vi acometido por un persistente insomnio…”.
Esta narración escrita a duras penas es para Proust “una de las obras maestras de la literatura francesa”, según afirma en El tiempo recobrado, mientras que ese persistente insomnio corresponde al desencadenamiento de una nueva crisis, que llevará a Nerval a una nueva hospitalización, primero en el hospital de la Charité y luego en la clínica del doctor Blanche.
Es en este último lugar donde Nerval es invitado a poner por escrito las experiencias relacionadas con el mal que sufre, y de ahí nace Aurélia, un texto redactado a mucho más duras penas todavía, durante sus sucesivas estancias en la clínica de Blanche, de agosto a noviembre de 1853 y de agosto a octubre de 1854, si bien para la composición de la obra también utilizó fragmentos escritos en épocas anteriores, y trabajó, asimismo, en ella durante un viaje que hizo a Alemania entre ambos periodos de internamiento.
La escritura de Aurélia pudo haber partido de una recomendación terapéutica del doctor Blanche y otros médicos de la clínica. En las obras completas de Nerval, editadas bajo la dirección de Jean Guillaume y Claude Pichois, se apunta que “es difícil creer que el doctor Blanche hubiera imaginado ya una terapéutica por la escritura” (?), de manera que habría “dejado a Gérard escribir, más que pedirle que escribiera. El propio Gérard tuvo la idea de esa terapéutica, con la esperanza, quizá, de que al exteriorizar sus fantasmas delirantes llegaría a dominar la enfermedad” (Œuvres complètes de Gérard de Nerval, t. III, p. 1327). Esta presunción, tal como señala J. Rigoli, tiene que ver con “la convicción, muy extendida, de que no ha existido ni clínica ni terapéutica del lenguaje antes del psicoanálisis” (Lire le délire. Aliènisme, rhétorique et littérature en France au XIXe siècle, p. 526). No parece improbable que la iniciativa de esa exteriorización de los “fantasmas” de Nerval hubiese partido del médico, que muy bien habría podido animarlo a poner por escrito sus experiencias. Es difícil imaginar por qué motivo un psiquiatra del siglo XIX no habría podido concebir la escritura como terapia, a no ser que el psicoanálisis posea la exclusiva con efectos retroactivos, o por qué a Nerval podía ocurrírsele “la idea de esa terapia” y a su médico no.
La primera parte de Aurélia fue publicada a principios de enero de 1855 en la Revue de Paris. Nerval se suicidó en la noche del 25 al 26 de ese mismo mes en la calle de la Vieille-Lanterne de la capital francesa. La segunda parte de Aurélia apareció en el mes de febrero.