Tres cuentos

Flaubert empieza a escribir ‘La leyenda de san Julián el Hospitalario’ en septiembre de 1875, y termina el relato a principios del año siguiente; comienza ‘Un corazón simple’ hacia el mes de febrero de 1876, y lo termina en agosto; comienza entonces el trabajo de preparación de ‘Herodías’, cuya escritura acomete en noviembre de ese año y termina en febrero del año siguiente. En abril de 1877 las tres narraciones aparecen reunidas en un volumen titulado Tres cuentos.

Un año y medio para escribir tres cuentos, lo que puede parecer excesivo. Sin embargo, así es como Flaubert hacía las cosas. Sus obras son el resultado de un dificultoso trabajo, llevado a cabo de acuerdo con una relación con la literatura que no puede ser más opuesta a la del tópico del creador invadido por la “inspiración”. Cuando publica sus Tres cuentos, Flaubert es un escritor reconocido en el plano social, aunque no tanto a nivel crítico. Había sido condecorado con la Legión de Honor y había sido invitado por Napoleón III a su residencia de Compiègne. Su obra, sin embargo, no había sido bien digerida ni por la crítica ni por el público, lo que resulta bastante comprensible, sobre todo en el segundo caso (un lector medio de entonces difícilmente podía entender La educación sentimental, mientras que los los críticos no eran como los de ahora, que dan por bueno cualquier cosa, y podían cometer el error garrafal habitual en la crítica de todos los tiempos: deslumbrarse con lo vulgar y cegarse para lo verdaderamente valioso).

Pero la mirada exterior es ajena a toda verdadera escritura. Tras los tres cuentos de Flaubert hay un trabajo arduo y oscuro. El procedimiento de Flaubert a la hora de acometer sus obras comporta un esfuerzo agotador. Exhaustiva labor de documentación y recopilación de materiales; extenuantes y obsesivas sesiones de trabajo. Flaubert depura el estilo y calcula al milímetro cada término empleado; consigue, así, una escritura que, cerca de siglo y medio después de haber sido engendrada, continúa estando plenamente vigente, lo que constituye un fenómeno excepcional dentro de la historia de la literatura.

Los Tres cuentos son una realización de la paciencia y una materialización de la desnudez, el resultado de un proceso que arranca de la concepción de un estilo despojado de énfasis, de una idea de la obra literaria opuesta a la abundancia y ajena al prejuicio de la longitud, en la que la valoración de la intensidad anula la posibilidad de la extensión, y en la que el sentido del ritmo se antepone al de la claridad y la precisión.

El escenario y los personajes de ‘Un corazón simple’ pertenecen a la topografía familiar. En Pont-l’Évêque, donde transcurre la acción, había nacido la madre del escritor. La gran protagonista, Félicité, invierte su vida en trabajar al servicio de la señora Aubain. Es una mujer esencialmente ingenua, que a falta de una vida propia les regala su vida a los demás. Más que su vida, vive las vidas de los otros, y así, cuando la hija de la señora Aubain, Virginie, hace la primera comunión, Félicité vive este gran acontecimiento mucho más intensamente que la propia niña, y, cuando su sobrino se embarca en un largo viaje, Félicité se atormenta pensando en los peligros que puede estar corriendo.

El objeto último de su devoción, de su preocupación y de sus desvelos va a ser un loro, que a través de un proceso de identificación coherente con el carácter de la protagonista se convertirá en el Espíritu Santo.

En ‘La leyenda de san Julián el Hospitalario’ lo hagiográfico se confunde con lo fantástico, lo que no deja de ser congruente, y adquiere un tono suavemente irónico y poético. Lo épico se mezcla con lo religioso, la parte más elevada de la sensibilidad humana con manifestaciones de gran brutalidad.

Mientras que ‘Herodías’, por último, es la parte bíblica del tríptico. Un colosal trabajo de composición; una metódica puesta en escena; una lección magistral sobre la integración de múltiples elementos en una narración de reducidas dimensiones. Es el cuento más elaborado, un puzzle con numerosas piezas, cada una colocada cuidadosamente en su sitio. El cúmulo de información recopilada por el autor para la composición del relato va siendo desplegado poco a poco, cohesionando los datos históricos y los elementos narrativos. El resultado es un bloque sumamente compacto.

Una labor muy dura, a cambio de poco más de cien páginas. Y dura, también, se hace la labor del traductor.