La escritura de Benjamin Constant es propia de su época y de su entorno, por lo tanto eminentemente afectada. El que escribe Adolphe es un hombre cerebral, apegado a la síntesis y con una idea muy clara de lo que quiere decir, pero dominado por el prejuicio del ingenio, que lo obliga a expresarse a base de frases sentenciosas, que suelen contener un juego de palabras basado en la repetición. Si el traductor quiere atenuar el efecto del exceso de la repetición, se ve obligado a un esfuerzo suplementario en su tarea de transportar esa prosa anclada en su tiempo a un estado legible en la época actual.
Por el lado de Swann (3)
Hay un aspecto de la escritura de Proust que resulta muy poco atractivo, y que está muy presente en Por el lado de Swann. El mundo de lo nostálgico y lo evocador. La primera parte de la novela, ‘Combray’, es un monumento a la nostalgia, cuyo carácter se sintetiza en esta frase: “La posibilidad de aquellas horas jamás renacerá para mí”. La emotividad preside la relación con la obra. La escritura se recarga, aparece demasiado ornamentada, dominada por la afectación. El torrente sentimental desbarata en cierto modo la delicadeza, que habría estado mejor protegida por la sencillez. Nos encontramos peligrosamente cerca del siglo XIX.
Por el lado de Swann (2)
Algunas veces el traductor suple los lapsus del autor, y añade a su labor de traductor la de corrector. Así, cuando en el texto de Proust un criado de la mansión de la marquesa de Saint-Euverte “montrait l’agitation d’une bête captive dans les premières heures de sa domesticité”, la traducción en principio es muy sencilla: mostraba la agitación de una bestia cautiva en las primeras horas de su domesticidad. Sin embargo, Moncrieff lee: “all the dumb agitation of a wild animal in the first hours of its captivity”, las primeras horas de su domesticidad han sido cambiadas por las primeras horas de su cautividad, tal como se supone que quería decir Proust. Es al principio de su cautividad, no de su domesticidad, cuando las bestias muestran agitación.
Por el lado de Swann (1)
Es evidente que para traducir una obra literaria no basta con conocer dos idiomas. Esto puede ser suficiente a la hora de traducir un comunicado oficial, o el manual de una microcadena, si se domina el vocabulario técnico de turno, pero para traducir una obra literaria hace falta algo más, es necesario saber escribir. Esto quiere decir: estar en condiciones de trasladar el texto original con solvencia.
La mayoría de las traducciones suenan a eso, a traducción. Lo deseable es que posean cierta solidez, una consistencia que les dé legitimidad literaria en el idioma de recepción.
Una frasecita
Esta frasecita me ha tenido ocupado algún tiempo. Es la que viene en el primer capítulo de ‘Un cœur simple’ (‘Un corazón simple’), el famoso cuento de Flaubert.
En el pasaje correspondiente a la descripción de la casa de la señora Aubain se puede leer: “Ensuite un corridor menait à un cabinet d’étude; des livres et des paperasses garnissaient les rayons d’une bibliothèque entourant de ses trois côtés un large bureau de bois noir. Les deux panneaux en retour disparaissaient sous des dessins à la plume, des paysages à la gouache et des gravures d’Audran...”.
La descripción, en general, está clara: un corredor lleva a un gabinete de estudio, en el que hay un escritorio y una biblioteca. Una pequeña dificultad la constituye el verbo ‘garnir’, en la frase “des livres et des paperasses garnissaient les rayons d’une bibliothèque...”, en cuya traducción coinciden Mauro Armiño (“libros y papelotes guarnecían los estantes...”) y Consuelo Berges (“libros y papeles guarnecían los estantes...”). Sin embargo, ‘garnir’ no tiene aquí el sentido de ‘guarnecer’, sino el de ‘llenar’. Se da la circunstancia de que en la frase inmediatamente anterior Flaubert emplea el verbo ‘remplir’ (“Puis venait le salon, toujours fermé, et rempli de meubles recouverts d'un drap”), que significa “llenar”, y ahora, para no repetirse, recurre a ‘garnir’, en su acepción de ‘llenar, ocupar, cubrir’. El carácter arduo de la frasecita lo plantean los dos paneles, “les deux panneaux en retour”. La biblioteca, dice el texto, tiene tres lados que rodean a un escritorio de madera negra. Y luego se alude a los paneles. Armiño no sabe verlos en otra parte y los sitúa en la puerta de la habitación: “Los dos paneles de la puerta desaparecían bajo dibujos a pluma...”. Pero el texto no dice nada de ninguna puerta, y además no menciona unos simples “paneles”, sino unos paneles “en retour”.
Akutagawa, Narraciones
En Modern Japanese Writers and the Nature of Literature, Ueda Makoto alude a la importancia que Akutagawa le concedía al “espíritu poético” de la narración, lo que habría tenido como efecto el incremento de la afectación y la disminución de la espontaneidad en su escritura. A lo cual también habría contribuido su “perfeccionismo”.
Esto es algo difícil de percibir en la traducción de un texto japonés a un idioma occidental. Si hay afectación o no en la escritura de Akutagawa, solo puede entrar a considerarlo un lector que conozca la lengua original. Lo que sí se hace o puede hacerse claramente perceptible en la traducción es otra clase de rasgos, menos formales y más sustanciales, que una traducción difícilmente puede ocultar (aunque algunas, sin duda, lo consiguen). En el caso de Akutagawa, como uno de los más característicos, el sentido del humor, que aflora de un modo no afectado, ni sofisticado, sino lleno de ironía.