Una frasecita

 Esta frasecita me ha tenido ocupado algún tiempo. Es la que viene en el primer capítulo de ‘Un cœur simple’ (‘Un corazón simple’), el famoso cuento de Flaubert.

En el pasaje correspondiente a la descripción de la casa de la señora Aubain se puede leer: “Ensuite un corridor menait à un cabinet d’étude; des livres et des paperasses garnissaient les rayons d’une bibliothèque entourant de ses trois côtés un large bureau de bois noir. Les deux panneaux en retour disparaissaient sous des dessins à la plume, des paysages à la gouache et des gravures d’Audran...”.

La descripción, en general, está clara: un corredor lleva a un gabinete de estudio, en el que hay un escritorio y una biblioteca. Una pequeña dificultad la constituye el verbo ‘garnir’, en la frase “des livres et des paperasses garnissaient les rayons d’une bibliothèque...”, en cuya traducción coinciden Mauro Armiño (“libros y papelotes guarnecían los estantes...”) y Consuelo Berges (“libros y papeles guarnecían los estantes...”). Sin embargo, ‘garnir’ no tiene aquí el sentido de ‘guarnecer’, sino el de ‘llenar’. Se da la circunstancia de que en la frase inmediatamente anterior Flaubert emplea el verbo ‘remplir’ (“Puis venait le salon, toujours fermé, et rempli de meubles recouverts d'un drap”), que significa “llenar”, y ahora, para no repetirse, recurre a ‘garnir’, en su acepción de ‘llenar, ocupar, cubrir’. El carácter arduo de la frasecita lo plantean los dos paneles, “les deux panneaux en retour”. La biblioteca, dice el texto, tiene tres lados que rodean a un escritorio de madera negra. Y luego se alude a los paneles. Armiño no sabe verlos en otra parte y los sitúa en la puerta de la habitación: “Los dos paneles de la puerta desaparecían bajo dibujos a pluma...”. Pero el texto no dice nada de ninguna puerta, y además no menciona unos simples “paneles”, sino unos paneles “en retour”.

En el estado primario, por así decirlo, de mi traducción, desconcertado, e incapaz de visualizar los paneles de otra manera, me decidí por la misma solución que Armiño. Posteriormente, consultando la traducción de Berges, me di cuenta de que los paneles pertenecían al cuerpo de la biblioteca. La versión de Consuelo Berges es la siguiente: “... una biblioteca de dos cuerpos que circundaba una gran mesa escritorio de madera negra; los dos paneles en esconce desaparecían bajo dibujos de pluma, paisajes a la guache y grabados de Audran...”. No se sabe por qué, convierte los tres lados de la biblioteca en dos cuerpos, que difícilmente podrían circundar al escritorio, mientras que para el elemento problemático opta por “paneles en esconce”.

En un libro titulado A Tradition of Subversion: The Prose Poem in English from Wilde to Ashberyescrito por Margueritte S. Murphy, se cita precisamente este pasaje de Flaubert, que se compara con otro del poeta inglés Robert Bly, señalándose respecto al pasaje en cuestión que “the structure of the description is straightforward and clear”. La estructura no ofrece complicaciones, pero tampoco es muy precisa, al menos para un lector del siglo XXI. Su virtud, sin duda, es la concisión. Los dos paneles surgen de repente, como salidos de ninguna parte, y un lector poco familiarizado con el mobiliario del siglo XIX no sabe dónde situarlos, tal como demuestra el caso de Armiño. La traducción del pasaje en el libro de Murphy es la siguiente: “Next there was a passage leading to the study, where books and papers filled the shelves of a book-case in three sections built round a big writing-table of dark wood. The two end panels were hidden under pen-and-ink drawings, landscapes in gouache, and etchings by Audran...”. Los dos “panneaux en retour” equivalen a “two end panels”; se sobrentiende que se trata de dos paneles existentes al final de los cuerpos laterales de la biblioteca.

Esta pista me indujo a adoptar una nueva solución: “... libros y papeluchos cubrían los anaqueles de una biblioteca que rodeaba con sus tres lados un amplio escritorio de madera negra, y cuyos dos paneles opuestos desaparecían bajo unos dibujos a pluma, paisajes al gouache y grabados de Audran...”. Ni siquiera ahora termino de comprender qué fue lo que se me pasó por la cabeza. Por algún motivo que no termino de explicarme, convertí los dos paneles de los extremos en dos paneles opuestos, lo que no podía ser más desacertado. En el texto no se habla de paneles opuestos, y la traducción inglesa, que era la que me había servido de referencia, tampoco. Al parecer, visualicé la biblioteca de una manera más bien extravagante. Por otra parte, en esta nueva solución había dos pequeños errores no subsanados: la utilización del verbo ‘cubrir’, que resulta repetitiva, ya que en la frase anterior los muebles están ‘cubiertos’ con sábanas, y la cacofonía resultante del empleo de los términos ‘anaqueles’ y ‘paneles’. Pero lo peor, evidentemente, seguía residiendo en los dos paneles en cuestión.

Volví la mirada hacia la traducción de Berges: paneles ‘en esconce’. Por lo tanto, los paneles estaban al final de los dos cuerpos laterales, formando un esconce, es decir, un recodo. El único problema de la solución de Berges era el carácter poco corriente del término elegido, que contrastaba con la forma común del ‘en retour’ de Flaubert. Así que en una nueva corrección, el pasaje quedó de esta manera: “... una biblioteca que rodeaba con sus tres lados un amplio escritorio de madera negra, y cuyos dos paneles en los extremos, formando un recodo, desaparecían...”. Unía, de este modo, la aportación anglosajona con la de Berges, y, en aras de facilitar la comprensión del lector, favorecía la precisión, rebajando así la concisión típica del autor. Esta solución me parecía muy aceptable, y ya me estaba frotando las manos, como el que ha resuelto un problema de manera definitiva, cuando surgieron nuevas dudas. No terminaba de visualizar la biblioteca, y la precisión introducida me molestaba, de modo que hice una nueva corrección y dejé el pasaje en este estado: “Luego, un corredor llevaba a un gabinete de estudio; libros y papeluchos ocupaban los estantes de una biblioteca que rodeaba con sus tres lados un amplio escritorio de madera negra, y cuyos dos paneles en recodo desaparecían bajo unos dibujos a pluma, paisajes al gouache y grabados de Audran...”.

Esta nueva solución me parecía irreprochable: es lo que dice Flaubert, traducido con precisión y dejando prácticamente intacta la concisión original. Los libros y papeluchos ya no cubren, sino que ocupan los estantes, en vez de los anaqueles, y los dos paneles están ‘en recodo’, como corresponde al ‘en retour’ original. La sacrosanta frasecita de Flaubert permanece así casi intacta, solo ligeramente modificada por el relativo ‘cuyos’, a través del que se establece la conexión entre la biblioteca y los paneles, como ayuda descriptiva para el lector.

Así dejé la frasecita, pero tiempo después volvieron a asaltarme las dudas. Cuando pensaba en este pasaje, que de vez en cuando me venía a la mente, seguía sin visualizar claramente la biblioteca. ¿Dónde estaban los dos paneles “en recodo”? Se suponía que sí, que estaban al final de los dos cuerpos laterales, los cuales terminarían en una especie de esquina o recodo. Pero esto no terminaba de convencerme. Entonces me puse a buscar imágenes de bibliotecas del siglo XIX, asimilables a la que pudiera haber en la casa de la señora Aubain, y entre las escasas que proporcionaban los motores de búsqueda no veía ninguna que tuviera paneles “en recodo”. Hasta que, volviendo a mirar esas imágenes, una de ellas me llamó la atención. La imagen es esta: 

 


En esta biblioteca, los cuerpos laterales no forman un ángulo recto con el cuerpo central, sino que hay dos pequeños cuerpos de transición que describen una ligera curvatura. Estos dos cuerpos están encajados en la biblioteca en diagonal, formando las esquinas a las que Flaubert se referiría con su famoso y diabólico en retour. Es decir, los dos paneles en retour aludirían a esta parte de la biblioteca; serían los dos paneles de las esquinas, situados entre el cuerpo central y los laterales. Lo cual me obligó a corregir de nuevo la frasecita, que quedó reducida a su aspecto más simple y conciso: “... libros y papeluchos ocupaban los estantes de una biblioteca que rodeaba con sus tres lados un amplio escritorio de madera negra; los dos paneles de las esquinas desaparecían bajo unos dibujos...”, etc.

Creía, de nuevo, haber llegado a una solución definitiva. Pero no tardó en surgir una objeción. ¿Cómo era posible que las esquinas estuvieran cubiertas de dibujos y grabados? El espacio es demasiado estrecho; esos dibujos a pluma, esos paisajes y esos grabados de Audran no caben en él, y, por otra parte, esas esquinas de la biblioteca no son unos “paneles” precisamente. Volví, por lo tanto, a la anterior solución. Sí, había que resignarse: eran simplemente dos paneles en recodo, era lo que decía el texto, un simple texto, ¿qué sentido tenía crearle al texto tantas complicaciones?